Comunicado de Moscú: La primera parte de la misión, «completada»

El ministerio ruso de Defensa realizó un inesperado anuncio al afirmar que la primera fase de su ataque contra Ucrania había sido “completada” y que ahora se centraría en “la completa liberación” de la región del Donbás Sólo el tiempo dirá si este anuncio es certero o sólo es un cambio de estrategia

En un comunicado emitido este viernes 25, el ministerio ruso de Defensa informa que la primera fase de su ataque contra Ucrania ha sido “completada” y que ahora Rusia se centrará en “la completa liberación” del Donbás. Esa primera fase “completada” podría tratarse de un cambio de estrategia de Moscú que descartaría el escenario de la “guerra total”. Lo cierto es que las principales ciudades ucranianas están destruidas y que los objetivos de la artillería rusa han sido industriales y civiles.

Hace un mes Jarkov, Dnipro, Mariupol o Sumy derrochaban vida. Lo mismo ocurría en Kiev, la capital de Ucrania. Los días marchaban como siempre. Había cierta preocupación por la pugna con Rusia y muchos ciudadanos habían empezado a tomar cursos de supervivencia y entrenamiento militar, pero prácticamente nadie pronosticaba lo que estaba por venir ni lo creía posible.

La sensación era, sencillamente, que lo inimaginable no iba a ocurrir.

A última hora del viernes 25, el ministerio ruso de Defensa realizó un inesperado anuncio al afirmar que la primera fase de su ataque contra Ucrania había sido “completada” y que ahora Rusia se centraría en “la completa liberación” de la región del Donbás, en el este del país.

Sólo el tiempo dirá si este anuncio es certero o sólo es un cambio de estrategia de Moscú.

De cumplirse esto, implicaría, sí, un intento de partir el país, pero se descartaría para el futuro el escenario de guerra total que ha sufrido Ucrania desde el inicio de la invasión rusa. Es decir, desde aquel 24 de febrero en la madrugada, cuando las sirenas antiaéreas, imposibles de olvidar, dejaron paso a la pesadilla. La de una guerra masiva que se iniciaba dejando detrás de sí vidas que, acabe como acabe ahora el conflicto, fueron quebradas.

Artur Bakhashaliev, un informático de treinta y tantos años, lo recuerda bien. Ese día se encontraba junto su amigo Kiril en la estación de esquí de Bukovel cuando, al despertarse, leyó la noticia en las redes sociales. Artur afirma que a partir de ese instante, como le ocurrió a millones de ucranianos, la agitación en su teléfono se empezó a plasmar en miles de mensajes y llamadas entre amigos y familiares. La información más preocupante la supo casi enseguida. El aeropuerto de Gostómel, cerca de su casa en las afueras de Kiev, se había convertido en uno de los lugares en los que primero la batalla había empezado a tomar forma.

“Estábamos Kiril y yo, y nos mirábamos desorientados sin saber bien qué hacer ni adónde ir”, recuerda.

Esa sensación de parálisis también la tuvo Ekaterina Ushanova, que al oír la señal de alerta lo primero que hizo fue bajar a comprar agua. “No sé por qué lo hice, tal vez porque el agua corriente es de mala calidad en Kiev. Cuando llegué al supermercado había tanta gente que tuve que esperar media hora antes de poder entrar”, afirma esta joven de 31 años.

“Me costó mucho aceptar lo que estaba pasando, ya había tenido ataques de pánico y problemas de ansiedad, y estaba intentando recuperarme”, añade Ekaterina quien hoy se encuentra temporalmente en Leópolis, ciudad a la que llegó después de convencerse de que la capital de Ucrania, en la que hace ocho años se refugió cuando Rusia anexó su Crimea natal, ya no es un sitio seguro para ella.

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